Expertos han señalado que la reciente disrupción en el comercio de petróleo, gas y fertilizantes está elevando notablemente los costos de producción agrícola, lo que a su vez presiona los precios de los alimentos a nivel global, un fenómeno que podría tener repercusiones directas en Chile. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) revela cómo el conflicto en Medio Oriente está alterando los mercados internacionales, con un impacto significativo en la seguridad alimentaria global debido al aumento en los precios de los combustibles y en los insumos agrícolas. La interrupción de cerca del 90% del tránsito de embarcaciones por el estratégico Estrecho de Ormuz ha provocado un aumento drástico en el precio del barril de petróleo, que ahora supera los 120 dólares, alcanzando incrementos de entre el 20% y el 35%.
Pablo Villalobos, académico del Departamento de Economía Agraria de la Universidad de Talca, destacó que esta situación ha generado una considerable presión inflacionaria, visible en el incremento de los costos de la gasolina, el diésel y los insumos que los productores agrícolas requieren para sus operativos. Villalobos subrayó que el área afectada por el conflicto concentra entre el 30% y 35% de las exportaciones globales de urea, un fertilizante esencial para la producción de cultivos. La interrupción en el suministro de urea podría llegar a afectar hasta 4 millones de toneladas mensuales, proyectándose nuevas alzas de precios que se verían manifestadas en el año 2026, poniendo en riesgo la producción agrícola en diversas regiones.
El impacto de la menor disponibilidad de fertilizantes es preocupante para el rendimiento de los cultivos. Un investigador del Centro para la Transformación de los Sistemas Agroalimentarios (CA2FST) advirtió que la combinación de un suministro reducido de fertilizantes y un aumento incesante de costos podría generar una mayor volatilidad en los mercados agrícolas. Esto es especialmente crítico para productos básicos como el trigo, el arroz y los aceites vegetales, cuya oferta se vería seriamente comprometida. La situación, de no ser controlada, podría desencadenar en un encarecimiento generalizado de estos productos, afectando gravemente la economía de las familias que luchan por contener sus gastos diarios.
Además, se espera que esta presión creciente sobre los precios en el mercado local afecte directamente el bolsillo de los consumidores en Chile. La dependencia del país de las importaciones de alimentos podría contribuir a que cualquier fluctuación en los precios internacionales se traduzca en un costo adicional para los ciudadanos. Villalobos enfatizó la necesidad de que las autoridades sectoriales mantengan vigilancia sobre el mercado, prédico de que la especulación puede exacerbar aún más la volatilidad de los precios, aumentando el sufrimiento de los más vulnerables que dependen de la compra de alimentos.
En suma, la crisis actual en Medio Oriente tiene el potencial de desestabilizar aún más los mercados agrícolas globales, lo que se traduciría en un aumento de los precios y una disminución de la disponibilidad de alimentos, impactando de manera desigual a los países, particularmente a aquellos con menor capacidad de adaptación económica, como es el caso de Chile. Los expertos coinciden en que una rápida respuesta por parte de las autoridades es crucial para mitigar estos efectos, asegurar el abastecimiento alimentario y proteger a las poblaciones más vulnerables frente a la creciente crisis inflacionaria y de suministro.







