Elba Adriana Lucía Ortega Pardo: Legado de Música y Amor

El martes 5 de mayo de 2026, Valparaíso perdió a una de sus más queridas y respetadas figuras culturales, Elba Adriana Lucía Ortega Pardo, quien ascendió a lo que muchos consideran un destino celestial, dejando atrás una vida rica en música, enseñanza y amor por la naturaleza. Nacida el 20 de septiembre de 1953 en el Hospital Alemán, Elba dedicó su vida a incentivar la curiosidad y el talento musical de generaciones de estudiantes en su ciudad natal, además de ser una ávida excursionista. Su partida fue solemnemente velada los días 5 y 6 de mayo en la Parroquia Inmaculado Corazón de María, donde amigos, familiares y alumnos rindieron homenaje a su legado.

Elba Ortega, quien contrajo matrimonio con Fernando Alfredo Garrido Guzmán en 1981, fue una ferviente defensora de la música y la cultura chilena, contribuyendo no solo como maestra de la Universidad Católica, sino también a través de su participación activa en diversas agrupaciones folclóricas. Fernando, quien se convirtió en su inseparable compañero de vida desde que se conocieron en el Club Católico de Montañas de Valparaíso en 1977, recuerda con cariño aquellos tiempos compartidos de excursiones y ensayos musicales, donde Elba brillaba con el arpa en mano, trayendo alegría a todos los que la rodeaban.

Su trayectoria educativa comenzó en el Colegio David Trumbull y continuó en el Liceo María Luisa Bombal, donde destacó no solo por sus habilidades artísticas, sino también por su dedicación en fomentar el amor por la música en sus alumnos. Fernando Garrido destacó que Elba fue discípula de la reconocida Margot Loyola y una activa integrante del Conjunto Folklórico de la Universidad Católica. ‘Ella siempre tenía un lugar especial en su corazón para la música’, comentó Fernando, subrayando el impacto que tuvo en su familia y en la comunidad, donde innumerables testimonios de cariño la han recordado.

La familia de Elba se unió para celebrar su vida e legado, y su nieta, Gabriela Garrido Salinas, compartió recuerdos entrañables de su abuela, a quien cariñosamente llamó «lalita.» Gabriela destacó que, a pesar de su carrera, Elba siempre hizo tiempo para enseñar a su hija en música, entre risas y amor, reforzando la conexión familiar que va más allá de la enseñanza formal. Conmovida, Gabriela resaltó cómo esos paseos y momentos compartidos en la niñez cimentaron una relación muy especial entre ambas, un lazo que permanecerá vivo a pesar de la ausencia.

Por otro lado, María José Vega Zúñiga, una de las alumnas de Elba, conocida como Tía Pelusa, expresó su gratitud por haber contado con su guía durante su formación musical. «Su forma de enseñar, llena de positividad y humor, dejó una huella imborrable en mí y en muchos otros», comentó la pianista, al recordar las enseñanzas que recibía de ella en el Centro Cultural Dos Oriente de Viña del Mar. La memoria de Elba Adriana Lucía Ortega Pardo sigue viva no solo a través de su familia, sino también en cada nota musical que resuena en Valparaíso, un recordatorio tangible de su gran influencia y amor por la vida.

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