En un contexto donde la digitalización financiera avanza a pasos agigantados, las entidades bancarias han emitido una alerta sobre una preocupante modalidad de fraude telefónico conocida como «vishing». Esta técnica de ingeniería social combina la filtración de datos personales, la manipulación psicológica y el uso de herramientas de inteligencia artificial, impactando incluso a usuarios con experiencia en el manejo de plataformas digitales y con acceso frecuente a servicios de banca online. Según especialistas, los delincuentes emplean tácticas cada vez más sofisticadas para engañar a las víctimas, haciéndose pasar por ejecutivos de bancos o representantes de empresas reconocidas.
La estafa de vishing se basa en llamadas fraudulentas que logran crear un sentido de urgencia en las víctimas, quienes son informadas sobre supuestos movimientos sospechosos en sus cuentas o problemas de seguridad. Los delincuentes, en estos escenarios, sugieren a las personas que marquen códigos como *21, lo que permite desviar las llamadas y potencialmente interceptar códigos de verificación y autorizaciones bancarias. Diego Cáceres, académico de la Escuela de Tecnología de la Universidad UNIACC, ha destacado que esta forma de estafa ha evolucionado notablemente, pasando de ser prácticas rudimentarias a operaciones complejas y bien organizadas.
Cáceres atribuye el aumento de estas modalidades de fraude en Chile a la creciente dependencia de los teléfonos móviles para la autenticación bancaria. Según el especialista, las bandas criminales han comprendido que es más rentable engañar a las personas que vulnerar la infraestructura tecnológica. Actuales estadísticas revelan un notable incremento en los fraudes financieros y en las denuncias realizadas por los usuarios, evidenciando que el problema es masivo y no se trata de incidentes aislados.
Una de las características más preocupantes del vishing es su capacidad para afectar a personas con conocimientos tecnológicos. El académico asegura que el ataque no solo apunta a debilidades técnicas, sino que también explota reacciones humanas, aprovechando la presión emocional y la sensación de urgencia. Las llamadas fraudulentas a menudo están imbuidas de información filtrada, lo que añade un velo de legitimidad a la interacción; esto provoca que incluso individuos experimentados en ciberseguridad se vean atrapados en la trampa.
Finalmente, Cáceres subraya la importancia de la educación y la prevención frente a estas nuevas tácticas criminales. Aconseja a los usuarios no proporcionar claves ni códigos durante llamadas telefónicas y sugiere la activación de la autenticación multifactor para sus cuentas. Además, recalca que no existe un banco legítimo que solicite información sensible durante una llamada. Mientras que las tácticas de los delincuentes evolucionan rápidamente, las campañas de prevención no siempre logran mantener el ritmo, lo que puede llevar a una peligrosa fatiga digital entre los usuarios. En este contexto, la desconfianza y el escepticismo son herramientas clave para protegerse contra estas amenazas.







