Un reciente estudio del Programa de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM), realizado por la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo y Caja Los Héroes, revela una fascinante divergencia en las preferencias culinarias entre las distintas generaciones de chilenos. Según el informe, mientras los adultos mayores de 60 años se apegan firmemente a recetas tradicionales, los jóvenes se aventuran hacia una variedad de preparaciones como empanadas y pastel de choclo. Este fenómeno sugiere una interesante transformación en la cultura gastronómica nacional dependiendo de la edad, destacando cómo las tradiciones alimentarias se están adaptando a los tiempos modernos.
La investigación, basada en la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector 2024, también subraya cómo las preferencias varían por región. En la Región de Valparaíso, por ejemplo, la cazuela se posiciona como el plato más mencionado con un 29,9%, seguida de los porotos con un 19,8%. Estos datos reflejan no solo el amor por las recetas tradicionales, sino también cómo los sabores del mar, como el pescado frito (12,3%), pueden coexistir con las preparaciones que han marcado la historia culinaria del país.
En contraste, en la Región de Coquimbo, el pescado frito se eleva a la cima con un 26,2%, desplazando a la cazuela. Este hallazgo es un claro indicativo de la rica diversidad gastronómica del país, donde la geografía y la cultura marítima juegan un rol crucial en la configuración de la identidad culinaria. Al mismo tiempo, en Los Lagos, la cazuela sigue siendo popular, alcanzando un 34% de menciones, complementada por el curanto y los mariscos, subrayando la importancia de los ingredientes locales en la cocina chilena.
El sur del país, particularmente en la Región de Magallanes, presenta un ejemplo elocuente de la identidad regional a través de la gastronomía, con el asado de cordero liderando las preferencias con un 43,4%. Este plato no solo resalta la riqueza de la carne patagónica, sino que también simboliza una conexión profunda con las tradiciones pastorales de la zona. Así, el estudio del CIPEM revela que la relación de los chilenos con su comida está fuertemente influenciada por la geografía y la historia, además de sus gustos individuales.
Finalmente, el informe pone en perspectiva el contraste entre las generaciones. Mientras que los mayores de 60 años muestran una fuerte inclinación hacia la cazuela (36,4%) y los porotos (33,2%), que representan casi el 70% de sus preferencias, los jóvenes de 15 a 29 años demuestran una mayor apertura hacia platos como las empanadas (17,3%) y el pastel de choclo (11,2%). Esta diversidad de elecciones subraya un cambio en la evolución cultural y gastronómica de Chile, donde las nuevas generaciones están comenzando a redefinir lo que significa la ‘comida típica’ en un país con una rica herencia culinaria.








